Depresión y ánimo bajo
Recuperar la actividad y revisar la propia mirada.
Has dejado de hacer cosas que antes te gustaban y ya ni las echas de menos.
Te cuesta un mundo empezar cualquier cosa, y después te culpas por no haberla hecho.
No estás triste exactamente: estás plano.
Por qué pasa
La depresión tiene una trampa concreta: te quita las ganas de hacer justo aquello que te haría sentir mejor. Y como esperamos a tener ganas para hacer algo, la espera se alarga sola.
Cada cosa que se deja de hacer resta una fuente de refuerzo. Menos refuerzo, menos ganas. Menos ganas, menos cosas. Es una espiral que se sostiene sin que nadie haga nada mal.
A eso se le suma una forma de mirar que se vuelve severa contigo y generosa con los demás, y que desde dentro no parece un sesgo: parece lucidez.
Cómo lo trabajo
- Activación conductual: volver a la actividad antes de tener ganas, porque las ganas vienen después y no antes. Es lo primero y lo que más rinde.
- En pasos pequeños y medibles, no en propósitos.
- Revisar esa mirada, cuando ya hay algo de suelo para hacerlo.
- Y mirar qué se está sosteniendo alrededor: el sueño, el aislamiento, lo que se ha ido dejando.
Para qué no es
Si estás así por algo que ha pasado —una pérdida, una ruptura, un cambio grande—, lo primero es distinguir entre una reacción normal y una depresión, porque no se tratan igual y confundirlas es fácil desde dentro. Estar hundido después de un golpe no es un trastorno: es lo que toca, y muchas veces lo que hace falta es tiempo y apoyo, no tratamiento. Eso lo miramos en la primera consulta antes de ponerle ningún nombre. Y si en algún momento hace falta valorar medicación, te lo digo y me coordino con tu médico: yo no la receto.
¿Te encaja?
Lo vemos en la primera consulta, sin dar nada por hecho. Y si lo que necesitas no es lo mío, te lo digo.