Ansiedad y ataques de pánico
Del malestar difuso a la crisis: entender el mecanismo antes de tocarlo.
Evitas algo y sientes alivio inmediato, pero cada vez cuesta un poco más.
Llevas encima una tensión de fondo que no sabes de dónde sale.
Has llegado a urgencias pensando que te pasaba algo en el corazón.
Por qué pasa
La ansiedad no es el enemigo: es un sistema de alarma que funciona bien y se está disparando donde no toca. El problema no es que aparezca, es lo que hacemos con ella.
Y lo que hacemos casi siempre es evitar. Evitar funciona: el alivio llega en segundos. Por eso el cerebro aprende que evitar era la respuesta correcta, y a la semana siguiente el miedo pide un poco más. El círculo por el que te mueves se hace más pequeño cada vez, sin que se note.
Ese mecanismo es el mismo en el pánico, en la ansiedad social y en la generalizada. Cambian la situación y la forma de evitar, no la lógica.
Cómo lo trabajo
- Entender tu ciclo concreto: qué situaciones, qué piensas en ese momento y, sobre todo, qué haces después.
- Exposición gradual, planificada contigo y de menos a más. No es enfrentarse de golpe: hacerlo así aumenta el abandono y no hace falta.
- Trabajar las ideas que sostienen el miedo, que suelen ser tres o cuatro y bastante literales.
- Y las conductas de seguridad, que son las que hacen que alguien lleve meses exponiéndose y no mejore.
Para llevarte hoy
Para qué no es
Hay síntomas de ansiedad que no son ansiedad. Palpitaciones, mareos, falta de aire o sensación de irrealidad pueden venir del tiroides, de una arritmia, de una anemia o de una medicación. Si es la primera vez que te pasa, la primera parada es tu médico y no una consulta de psicología.
¿Te encaja?
Lo vemos en la primera consulta, sin dar nada por hecho. Y si lo que necesitas no es lo mío, te lo digo.